¿A alguien capaz de renunciar a su crecimiento personal? Sería estúpido hacerlo, bajo la enorme querencia social por conseguirlo, aunque solo fuera por resistir en lugar de crecer. Pero aclaremos antes el supuesto enfrentamiento entre ambas tesis, cuando ambas son perfectamente compatibles con la voluntad del ser humano, abocado a crecer antes que a extinguirse.
Los grandes idearios que han venido funcionando en el mundo, hablan de un perdedor, en el lado soviético, de unas grandes dimensiones que se vinieron abajo desde que Stalin marcara el rumbo de una diatriba que hacía suponer a todos los que vivieran, su expansión a base de muerte y sumisión. Estaba escrito que no podría durar aquél café para todos, con un yugo puesto sobre sus hombros, con un Politburó gran hacedor (parecido al de ahora) y un férreo control por parte de la KGB.
Del ganador seguiremos hablando de una cómoda victoria, aunque va sembrando por doquier unas víctimas disfrazadas con el traje del perdedor, que no sabe cómo quitárselo si no es robando o parasitando las distintas maneras de hacerse con subvenciones desperdigadas. En definitiva, que el crecimiento no presupone ni mucho menos progreso, solo la adecuación a un sistema que falla estrepitosamente.
Si creyéramos que el progreso es otra cosa distinta, compatible con la mejor manera de aprovechar los recursos que ofrece el planeta, de servirse de las inventivas que generalizan y no son pasto del exclusivismo, o de hacerlo también de esa multiculturalidad expansiva que pone en manos de los médicos, de los ingenieros, de los técnicos que saben bien explotarlas, sin combinarlas con otras formas sensibles de ser utilizadas solo por unos pocos, ganaríamos, estoy seguro, en ese otro crecimiento general que apunta al más útil de los humanismos posibles, el que nos hace sentir que solo somos uno y no estamos ganados por la creencia de tener que ser superior, sin compartir ni el conocimiento ni la fortuna que se ha podido obtener por distintos cauces y no todos incólumes e invulnerables a las leyes que nos hemos dado, fácilmente olvidadas o incluso retorcidas.
Bueno, dejémoslo en ideas sobrevenidas entre tanta miseria circulante, ya que la dificultad de estilo sobre cómo conseguir progreso, no consigue que nos aclaremos del todo sobre lo que en verdad nos conviene. Mientras seguiremos haciendo agua por nuestra línea de flotación, con la bodega ya inundada.
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