Quiero decir, apostar por el conocimiento, lo que debería presidir cualquier iniciativa con la que nos queramos encaminar al principio del día. Hay que ser conscientes de que lo que puedas estar opinando hoy, mañana, después de haber ampliado el conocimiento, puede acabar siendo corregido, sin perder la moral ni el sentido que te pueda impulsar en el camino del saber.
Viene a cuento, todo esto, por toda la información que está saliendo, y que seguirá haciéndolo en días sucesivos, acerca de lo ocurrido en aquél lugar tan cercano y lejano a la vez, pero que ha acaparado todas las mentes que han pretendido saber, desde un primer momento, cómo ha podido ocurrir y en qué podríamos basarlo, naturalmente con la debida prudencia que recomendaba Sánchez en la Cámara, pero sin alejarnos de cualquier posibilidad, por complicada que esta pudiera ser.
Hoy he repasado los Acuerdos de Abraham, en los que se proponía la mejor relación posible entre países de Oriente Medio. Tampoco hace tanto que se firmaron, ni la actualización posible que, a día de hoy, puedan contener en materia de geopolítica. Sobre algo tendrán los políticos que basar sus directrices, con objeto de poder arrancarle al futuro más páginas para reescribirlo y dotarle de mayor contenido.
Quienes estamos atentos a lo que ocurre, lejos de la centralidad que descansa en sus promotores, no deberíamos rendirnos en el análisis pormenorizado de cada paso que se siga dando, en la dirección que se aconseje hoy, a medida de que las circunstancias cambien.
Sánchez nos ha prometido más información, pero permítasenos que alberguemos dudas sobre asuntos que siempre nos estarán vedados, que para eso sirven y proponen, las cancillerías, sus secretos "oficiales" que, de no existir, supondrían, eso sí, buenos descalabros.
El caso es que Marruecos no parece el amigo "fiel" de España que siempre se ofreciera a ayudar ante las crisis que surgieran. Sus aliados son hoy de más envergadura de la que le ofrece España e incluso la UE, tan alejada, aparentemente, de nuestra crisis en curso.
Queremos ocupar lugar, y lo hacemos sabiendo lo difícil que pueda ser atestiguar, desde la primera fila, lo mucho que estén pactando, en secreto, los autores de tan sutiles estrategias.
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