Quizás sea un poco aventurado decir que a nuestros líderes políticos les gusta viajar por libre, pero esa es al menos la sensación que nos dan, cuando les vemos y oímos manifestándose, ante cualquier crisis que se les plantea. Será porque nosotros no nos hemos dado cuenta aún de que la ciudadanía acaba contando poco entre sus cuitas que han que dilucidar, mucho antes de que lleguen hasta la opinión pública.
Es solo una opinión, como otras muchas que se dicen, pero lo confirma la lejanía entre ambos niveles, el suyo y el nuestro, cuando se trata de gobernar para todos. ¿Es realmente así, que gobiernan para todos? Mucho me temo que estemos en un error, si lo pensamos así, a la vista de los acontecimientos que se suceden, día tras día, gobierno tras gobierno, en todos los lugares donde se inscriben.
Volvemos a señalar que gobernar no debe ser nada fácil, pero todavía mucho peor, cuando te acaban descubriendo asuntos en los que, por error u omisión, no se actuó conforme a los intereses de una mayoría que, como siempre, vive ajena, aunque padece los resultados.
Su creencia de que estén viviendo en niveles superiores, entre reservas y prebendas que nunca alcanzaremos quienes las costeamos, aunque me tachen de demagogo, no elude el compromiso que contraen desde el momento gozoso en que son elegidos, y mejor si es por mayoría absoluta, que es lo que puede estar ocurriendo en esta Comunidad de Madrid, de nuestros pecados, donde se llevan contabilizadas ya demasiadas pifias, entre resultados judiciales que todavía están por verse, tras el largo y laborioso proceder de nuestros jueces, siempre amparados en la falta de medios, con acumulaciones indeseadas, según sus lamentos.
De lo más significado, el rifirrafe originado entre ministros, que no ha pasado desapercibido en ningún momento e incluso ha trascendido en la Cámara Baja, reflejado por las cámaras de los medios, siempre atentas a los gestos y a los epítetos. Pero si son entre propios y no entre ajenos, la cosa adquiere todavía un poco más de morbo.
En definitiva, que no se observan cambios de actuación que nos hagan presagiar que, al comienzo del nuevo Curso, las cosas no vayan igual y hasta peor, esperando que les acabe iluminando, alguna vez, alguna buena estrella.
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