La entelequia difícil de comprender, cuando se hace viral el mal de altura que atraviesa la Humanidad, en su incesante caminar por la esfera social que la circunda. Se diría que hemos llegado a un punto en el que nuestra especie, la humana, se busca a sí misma y no se encuentra, entre un sinfín de preguntas que carecen de respuesta y que, en lo individual, nos atormenta.
Si primara lo social sobre lo económico, carecería de sentido hacer distinciones que apenas conducen a ningún lado. Un "totum revolutum" no hace sino complicar las cosas y mejor sería empezar desde el principio, el que nos eleva sobre los animales, aunque a veces se hace complicado resolverlas. El paso de los tiempos, desde nuestra presencia en este mundo, ha propiciado una enorme disparidad de conceptos que no extraña la presencia del invento de la IA para comprenderla. Así y todo, no sería muy descabellado empezar a formularnos si todavía podemos creer en la especie, habida cuenta el progreso de los malos frente a los buenos.
Es verdad que todos estos extremos que proponemos nos conducirían casi al suicidio, de confirmarse que la mayoría fuera de tan mala calaña, pero tampoco hay motivos para extremar unas sensaciones que también son producto de la necesidad de los medios de expandir noticias que no ayudan en absoluto, sino que incluyen el morbo de utilizarlas en provecho propio.
La mitificación de personajes, la ruina del paisaje, la tremenda respuesta que está dando la Naturaleza ofendida, son circunstancias influyentes a la hora de almacenar sentimientos, y vamos ya sobrados de cosas malas que nos bombardean el cerebro.
Que no todo esté perdido, es por tanto la idea que tiene que prevalecer, para que restituyamos los valores perdidos. También los buenos cometen errores, con incongruencias difíciles de comprender, pero menos mal que existe la confesión, para curarnos de todos nuestros pecados...
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