viernes, 9 de octubre de 2026

Pertenencias

 

 

Que se hable ahora de ellas en el mundo, cuando nos domina ampliamente una minoría que posee el porcentaje más alto de ellas y ansíe a cada rato aumentarlas, sin detenerse a pensar en lo que pueda resultar contraproducente, incluso para ellas, parece que esté en las antípodas del más común de los razonamientos posibles. Sin embargo ahí lo tiene presente nuestra juventud, que debiera ser la dueña absoluta de su futuro y carece siquiera de oportunidades. ¿Cuál sería la fórmula mágica a emplear para restituir lo que es suyo?.

 

Lo paradójico es que muchos de nuestros jóvenes, sedientos de justicia, se inclinen por los críticos que, sin masa gris, les quieren hacer comulgar con las ruedas del molino que son incapaces de extraer la virtud de la transparencia y más aún, precipitar sus buenas intenciones por la sima de la no intelectualidad que les hace lerdos.

 

Si gastamos solo un poco de nuestro tiempo en examinar todos esos discursos plagados de odio, de instrumentalización, de bulos y de miserias, que descargan ira antes que soluciones, enseguida daríamos con el sentido original de sus proposiciones; aumentar la capacidad de poder disuasorio, para que no se instale en ellos la posibilidad de recambios, así que todo sigue igual, para que nada cambie.

 

Que sea la derecha de siempre, la que convierta en retrógrado lo que manifiestamente pudiera ser novedoso, apoyándose en personajes que como Abascal o Figaredo no hacen sino estimular mayor desencanto, nos parece que la pueda estar sumiendo en el mar tenebroso del que, con un lastre que pueda impedirla reflotarse en un largo espacio de tiempo, ya no les será fácil quitárselos de encima. Y todo por proteger el grado de ineficacia y desaprovechamiento que acumula su conservadurismo atrasado.    

Toda esa querencia de mantenerse en lo ya conseguido, sin querer darle recorrido a lo que se les está demandando en las calles, no hace sino prolongar lo más degenerado de nuestras sociedades, que crece al fulgor de toda esa mafia que sí que prospera, pero lo hace con apariencia de poder enquistado, al que no se sabe bien cómo hacerlo frente y que podría ser que estuviera costeando, en el fondo, todo ese viaje al fin de la Humanidad que no sabe bien cómo defenderse.

Así que empecemos por creernos que, del ceder en la presión de esas minorías ricas, podría sonsacarse un mayor aprovechamiento que redundara en mayores beneficios para todos, sin tenderles ningún puente a esos extremos que nos quieren complicar tanto la vida, empezando por los propios jóvenes en los que viene fijando sus estrategias.  

 

  

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