Flamantes representantes de esa profesión tan antigua, tan vulgar, como la de el Judas que entregó a Jesús a cambio de unas monedas, según cuentan los evangelios católicos. Y no es que denostemos aquí a todos los comisionistas que se ganan la vida intermediando, la mayoría de los cuales lo hacen con la honradez de quien ha fijado en ella su labor para ganarse la vida, no no va por ahí la cosa.
La cosa se centraría más en el procedimiento empleado por quienes, sin hacerlo causa laboral, tiene la habilidad de inmiscuirse en cualquier asunto para deformarlo, con ese punto de maldad que ellos solos conocen, pero que terminan alimentando toda una sucesión de capítulos que pueden acabar derivando en tragedia. Estén o no estén a sueldo de algunas corporaciones, se sientan iluminados para poder ejercer los cambios que otros juzgan necesarios, sean eficaces o no lo sean en los resultados finales, todo nos da que pensar sobre el punto de desestabilización que provocan y que no debería pasarnos desapercibido.
En ese mismo punto, atendiendo las debilidades que está mostrando Europa en su conjunto, las distintas velocidades a las que se la somete, ante la pasividad de Bruselas, no sabemos si esa misma preocupación que embarga a sus ciudadanos, e incluso provoca víctimas inocentes, acabará consiguiendo la eficacia pretendida desde lugares dispares.
Utilizar ahora el transporte público, al parecer, entraña riesgo. Subirse a un avión es un acto de fe, por si dentro hace tic-tac la bomba, gastar exagerado dinero en conducir tu propio automóvil, mientras la guerra en Irán sigue sumando improperios hacia quienes la mantienen abierta, es solo una parte molesta de lo que hay que soportar, dejando las otras para el punto central de la cuestión, manejándose en las cancillerías, por otra parte tan alejadas de la ciudadanía como quien se fuma los puros en medio del gentío que trata de huir del humo.
Todas esas guerras híbridas que aparecen ahora, como por casualidad, servidas en bandeja por muchos intermediarios sedientos de protagonismo, posiblemente terminen agotando nuestra paciencia, aunque no les ocurra lo mismo a quienes vigilan nuestra seguridad, echando mano de la IA en todas las circunstancias.
Todos los pasos por delante que nos estén llevando, son escopeta cargada para ser usada en cuanto les venga bien a unos cuantos...
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