miércoles, 2 de septiembre de 2026

Troya y su caballo

 

 

Lo embrollado de esta historia que viene ocupando ya demasiado tiempo, guarda similitud, a mi parecer, con aquella que ocurrió hace siglos y que tanta algarabía, causara entre los participantes de entonces. Lo significativo de ahora son esas víctimas inocentes de las que ya nadie se acuerda y constituyen asunto clave de responsabilidad criminal y no precisamente de España.

 

Las imágenes vistas ayer, de ser reales, no manipuladas, y pertenecer a los hechos citados, bajando de camiones a los jóvenes, bajo la atenta mirada de un uniformado, son prueba eficiente de que, lo ocurrido, pudiera estar planeado. Falta averiguar ahora por quienes, aunque no nos resulta demasiado difícil conociendo cómo está organizada la política en Marruecos y en qué pilares se sustenta.

 

El caballo introducido en Ceuta, para sembrar la enorme discordia, está teniendo unas repercusiones que, si no medidas al detalle, si calculadas con algún detenimiento, pero para la UE, al parecer, no han tenido demasiada relevancia, solo lo han considerado asunto menor al que Sánchez no ha sabido adoptar la solución adecuada. Así hemos sido tratados los españoles del Sur, considerados todavía miembros de segunda categoría, detrás de los drones rusos perdidos en el Este.

No nos merecemos el trato y mucho menos un presidente díscolo que parece tener todas las bazas perdidas, en un Continente escorado a la derecha o más aún, a su extremo, cada día más potente.

La realidad supera la ficción, está claro, y está siendo, la contaminación, tan corrosiva, que beneficia claramente a los ultras, más invisibles de lo que constituyen el puñado de jóvenes exaltados que se hacen ver en las calles. No es tiempo de pasar por alto toda esa propensión a manifestarse en las calles, aunque algunos la prefieran por su facilidad de expansión, ante los grupos más débiles de las sociedades en crisis continuada.

Las consecuencias no han terminado del todo, pero veremos de qué lado inclinan la balanza... 

lunes, 6 de julio de 2026

El puto amo

 

 

No es ninguna adivinanza, es la constatación de todo lo que va a ser capaz de hacer, ante el mundo, para significarse. Lo último ya lo hemos visto, tocar la pieza clave que se rinda a sus pies, para conseguir incluso aquello que nadie osaría, saltándose la norma impuesta. Todo con tal de hacer de su país, o mejor dicho de su hacienda, lo que a nadie le está permitido. Para eso bastaría una llamada de teléfono que movilice a la marioneta puesta a su exclusivo servicio.

 

Claro que hay pocos que se resistan y entre ellos estaría Sánchez, el político que asombra en la parcela insumisa que los demás prefieren evitar. La estanqueidad del resto, agazapada por miedo a quedar a la intemperie, evidencia su escasa valía en cuanto se les pide que afronten la mínima resistencia.

 

En esa escena que se compone cada cuatro años, reflejo de lo que puede servir de apoyo al sustancioso nacionalismo, todo el mundo presume de interés por lograr, con la periodicidad marcada, el beneficio económico capaz de superar cualquier barrera medioambiental que se le presente. Un cuadro perfecto donde se ven reflejados cientos de actores al albur de un balón que rueda todos los días, entusiasmando a millones de forofos.

Cuanta idiotez, cuanta majadería, para mover en poco más de un mes toda esa suerte de datos económicos, de la que se nutren las firmas de moda y en la que empeñan sus ahorros, o su crédito, millones de incautos.

Dentro de unos pocos días se despejará la incógnita de la que se verán ensalzados un puñado de jóvenes agraciados, ya millonarios, a los que la ruleta de la fortuna les emplazará a ocupar el lugar de las estrellas. Todo por meter la bola en el lugar que marca el reglamento, creado para el disfrute, pero administrado para el negocio pleno. Así lo vemos y así lo han convertido, en la historia de las vanidades. Mientras, el puto amo se enseñorea, al tiempo que consigue lo que se le place...    

jueves, 11 de junio de 2026

Pretensiones espirituales

 

 

Imagínense un mundo sin pertenencias, sin élites que no se cansen de apropiaciones indebidas, de fronteras que cierren el paso y de sectas ideológicas que eviten la insumisión de las personas. ¿Nos quedaría espacio para poder retozar con el espíritu? Desde luego que sí, que seríamos más libres de poder alcanzar algunas de las aspiraciones con las que contamos algunos, pero sabemos que no hay nada gratis, que todo tiene al menos el precio de tenerlo que conseguir con mucho esfuerzo y sin descanso a lo que parece que no estemos dispuestos de raíz.  

 

Y si hablamos de espíritu, muchos se confunden con la explicación, se evaden por las ramas del materialismo impuesto que nos hace estar más pendientes de lo último que podamos comprar que de lo que flota en el ambiente para hacerlo desechar de inmediato. Y es el espíritu el que primero se desecha, como intrigante más que como poseedor, de una serie de razones más sublimes que la materia.

 

La propaganda nos bombardea con bombas de racimo, esparcidas por terreno muy abonado para la compra. Me hace mucha gracia cómo se nos sugestiona con la idea de que haya buena y mala propaganda, cuando toda ella adolece del recurso a la reflexión sosegada, que dejamos convenientemente aparcada para que no se interponga al deseo. Sí, así tenemos establecido nuestro comportamiento social, más enfocado al tráfico de cosas que se compran con dinero, más que a lo que pueda conseguirse con la idea razonada de progreso del espíritu, sin duda más acorde con sensibilidad humana que sabe distinguir entre ambas posibilidades.

El consumismo es un cáncer que no distingue entre razas ni credos, solo persigue la creación de más desigualdad entre otras tantas percepciones más sutiles.

La materia gana sobre el espíritu y eso es bien sabido, por eso sería bueno que aprendiéramos a combatir, con más esfuerzo, esas tendencias nuestras a poseer el bien fabricado para nuestro deleite posesivo, bien sea en forma de último modelo de coche o de vestido, que suscite la envidia de nuestro vecino.       

domingo, 19 de octubre de 2025

Personajes clave

 

 

En la política, en la economía, en el pensar o en el proyectar, parecen quedar al margen, aparte del significado que para la historia tengan, aunque se van distribuyendo por ella para insuflarle a nuestros cuerpos, los de aquellos que vivimos casi a sus expensas, el vigor de las causas que previamente ellos han puesto de moda, atendiendo generalmente a sus propios intereses.

 

Y hoy los banqueros han puesto de moda erigirse en concentradores de poder como demostrándole al mundo que se bastan ellos solos para hacerlo. En el caso del BBVA queriéndose engullir al Sabadell, reluce la figura de un tal Sr.Torres, como artífice de la operación orquestada con mucha soberbia, pensando que sería cosa de coser y cantar, hasta el punto de darlo casi por descontado.

 

Y todo viene a cuento del papel que juegan con respecto de la Sociedad a la que dicen servir, pero que la realidad demuestra en buena parte lo contrario, a tenor de los incesantes aumentos de beneficios que al final de cada semestre nos ponen de manifiesto y que apenas suelen revertir en cuestión de zarandajas.

 

Ahora se nos enfrentar en los periódicos a quienes dicen ganan o pierden, pero con la salvedad de ganar en todos los casos más que perder, aunque en esta ocasión no se haya dado el refrán de que el pez chico siempre se come a grande. También se habla de la incidencia que hayan podido tener los políticos en el resultado, pero prima sobre todo la actitud individual de los accionistas de ambas entidades a la hora de sopesar sus propios intereses.

Ocasión propicia, para resaltar el poder que les es conferido a los banqueros frente a la nada indulgente inclinación de prodigar a los clientes más y más comisiones, en cada relación siempre necesaria, que haya de mantenerse con las agencias de servicio público diseminadas (cada vez menos) por el territorio, con enfoque preferente hacia lugares donde el capital se hace más visible y no donde sería más necesario, allí en los territorios donde brillan por su ausencia.  

La imagen de prepotencia que se nos ha mostrado, deja bien a las claras esa intención egocéntrica de quienes se creen sobrados y por encima de todo aquél que a sus pies deba rendirse. Prácticamente el mundo entero. Personajes clave que pintan mucho también en política. 

viernes, 22 de agosto de 2025

Mio, tuyo, nuestro...

 

 

Pronombres posesivos que todo lo alcanzan, que todo lo apropian, incluso cuando haría más falta ponerse a compartir cuando escasea. Nos hemos adentrado en tiempos en los que miramos mucho más por lo nuestro que por lo que necesitamos todos y no solo de lo material, que tanto abunda y a veces se desperdicia, sino por lo que nos abundaría más al espíritu.

 

Parece que de lo del espíritu, de lo que no se ve pero se siente, la gente se acuerda poco y reside en la soledad, que inunda de carestía el alma. Tantos, tantos habrá en estos días, lamentándose de lo que hayan perdido, que posiblemente se olviden de los buenos tiempos en los que apenas carecían de algo y vivían felices pensando en lo que habría de ser su futuro, todavía más prometedor y plácido. 

 

Solo cuando volvemos a ser dependientes, cuando todo parece nublarse por el humo, desafiante y negro, adelantado a la voracidad del fuego, nos damos cuenta de esa fragilidad que siempre nos estuvo acechando y no nos hacía verdaderamente conscientes de lo que podría acabar devorándonos. 

Ahora lo mío ha perdido carácter, lo tuyo se desvanece y lo nuestro no forma ya parte del universo fácilmente asimilable, ahora habrá que volver a empezar y lo habremos de hacer todos juntos, hombro con hombro, codo con codo, voluntad con voluntad, cosidos a mano y con fuerza para que no se nos olvide que estamos hechos de barro, pobre pero moldeable que, unido al querer hacer, vaya dejando atrás todo lo malo que fue pensar solo en ti mismo, utilizando los posesivos como única tabla de salvación, en momentos en los que no sirve de nada insuflarlos de materia vana. 

viernes, 18 de julio de 2025

Ejemplaridad

 

 

Los abuelos hemos de tener presente hoy el siguiente dilema: cómo enfrentarse a la obligación de hacer partícipes a nuestros nietos, la idea necesaria de tener que ser honestos, cuando en nuestra contra todos son casos de corrupción y, lo que es peor aún, la asunción de que quizás sea un mal necesario, en este mundo tan competitivo y dedicado a medrar a toda costa.

 

Particularmente mi tesis ya la conocen, estriba en una voluntariedad que tiene que ser indiscutible, incluso a pesar de los riesgos que (estamos viendo) sufren quienes están dispuestos a todo para aferrarse a la ética, en lugar de seguir el curso que marcan todos esos "masters" que inculcan la necesidad de prevalecer como piezas fundamentales de ese capitalismo, tan agresivo, que distingue muy bien entre cualificados y no aptos, a la hora de poner en marcha las prácticas. Precisamente ahora, cuando están proliferando aperturas de escuelas de "negocios", deberíamos interesarnos más por la forma de instruir a nuestros jóvenes en línea con el ultraliberalismo tan de moda.

Si nos decantamos por la idea de que la honestidad no vende, y sirve solo para románticos, nos espera un futuro en el que la depredación va a estar en la cúspide de la comportabilidad humana, dejando a los más débiles al borde de la extinción, como especie rara a eliminar y a la que hacer "bullying" hasta el punto de apartarlos del ámbito.

Aún conservo esperanzas de orientar a mi nieto, por un camino de verdad y de justicia, a los que solo él podrá acceder con sus propios principios...  No sé si voy a poder convencerlo, en esta Sociedad nuestra tan bochornosamente inclinada, de que siga siendo, pese a sus dudas, tan honesto como lo ha sido hasta ahora.