domingo, 22 de febrero de 2026

Usar y tirar

 

 

Esa fórmula invariable que puede llevarnos al completo desastre, parece que no agotará nunca el ciclo de temporadas consumistas. La Mid Season será la encargada de enlazar el invierno con la primavera y así sucesivamente. Todo convenientemente dispuesto y sin cadencias; las señoras que no quieren parar de asistir a los procesos y gastan porque pueden, o si no se empeñan tirando de tarjeta, contribuyen sin descanso, al modo insostenible e inapropiado para muchos, se olvidan del largo plazo o simplemente obvian lo que habría que dejarse atrás, de ser más conscientes del sentido común mayoritario.

 

Sí, digo mayoritario porque creo sinceramente que lo es, a la vista de evidencias claras de lo que están demandando los sectores más progresistas. Y nos consta que los hay, incluso dentro de sectores productores, atentos a lo que en tal sentido se les viene solicitando a medida de que las materias primas escasean y evolucionan los gustos. Hay presión, exigencia formal, medidas racionales y métodos inspirados en el control de lo realmente sostenible.   

 

Todo lo anterior, entroncado con lo que nos marcan las élites, haciendo de las suyas a cada momento, nos ponen en la tesitura simple de reclamarlos la decencia que le corresponde a cualquier humano que vive en sociedad y está integrado, por ello, en las normas y en el espíritu marcado que tienen que observarse y a los que, en su condición de poderosos, no se les exime en absoluto sino que, mas bien, deberían dar ejemplo de unidad y concordia.

La singularidad abierta con el Caso Epstein les pone en total evidencia y les sume en la mayor indecencia que haya sido registrada en tiempos. 

Las personas no somos tampoco de usar y tirar, merecemos el respeto debido y, precisamente, eso es algo que no se puede comprar ni con todo el oro del mundo... 

sábado, 21 de febrero de 2026

Habitación sin vistas

 

 

Deprimente, abrir una ventana al exterior y encontrarla cegada por un muro, sin posibilidad de otear un horizonte de luces, en un entorno de naturaleza viva. Nadie está exento de esa posibilidad, a menos que cuentes, con todo lujo de detalles, con el poder que te haya sido conferido o te haya otorgado la providencia, en cuyo caso las posibilidades se amplían. 

 

Al precio en que está hoy la vivienda, capitalizada, además, por quienes han encontrado el filón que en forma de veta, o materia de la que extraer gran número de recursos, persiguen su compra, puedes contar con gran número de ellas y aplicarte en la gestión correspondiente, sin mayor ocupación que la de alquilar o poner en venta, atendiendo a la fabulosa demanda existente. No vas a tener oposición, tan solo ir parcheando para que todo funcione a las mil maravillas.

 

Mientras tanto los distintos gobiernos, sin quererse involucrar demasiado, inician tímidas acciones que nunca van a chocar con ese capital que observa, siempre agazapado, cómo se comporta el Mercado como último hacedor de negocios, anunciando el camino a seguir en cada momento. ¿Qué se puede esperar de ellos? Nada que no sea retórica con buenas palabras, de las que el ciudadano común se ve sobrado.

La vivienda, situada hoy entre los principales problemas del país, no espera ser reconvertida en asunto liviano, más bien seguirá aumentando la preocupación ciudadana, sin que pueda llegar antes una consideración más optimista, más empática, de quienes desde el liberalismo económico no dejan de desaprovechar las oportunidades que les brinda una Sociedad, demasiado desgastada ya en asuntos crematísticos como para poder hacerles frente.

Con vistas o sin ellas, las habitaciones se encuentran hoy en el centro neurálgico de cualquier medio de vida absolutamente necesario.   

 

 

 

viernes, 20 de febrero de 2026

La vieja guardia

 

 

De vez en cuando surgen estas expresiones, que no son nuevas sino, como bien dice el enunciado, pertenecen al mundo de lo vetusto, que rememoran la manera en que, a pesar del paso de los años, todo camina por la misma vereda de siempre, la que no te permite salir de lo que siempre ha servido y confirma que lo establecido es lo que vale y debe seguir funcionando.

 

No nos debería sorprender, por lo tanto, cómo en las cúpulas que dominan algunos estratos de poder no existe, ni por asomo, la voluntad de cambiar el procedimiento, cuando se barruntan problemas de conexión con la Sociedad que les ampara. Pocas diferencias, en mi opinión, con lo que también siguen sus oponentes mafiosos, entre los que la sumisión y el respeto prevalecen, por encima de otras consideraciones de un calado más confiable, entre quienes somos considerados consumidores de servicios públicos.

 

Y acabamos casi donde siempre, donde se pone de manifiesto la poca valía de esos servicios que entrañarían su exquisito cumplimiento, que termina quedando en la perfecta teoría, ratificada en protocolos que no se cumplen o que se obvian, por no molestar a los superiores.

Así las cosas, quedando todo al albur de la voluntad y a la creencia errónea de que cualquier desvío va a ser corregido, nos encontramos con unos hechos que, hasta ser juzgados, en el largo plazo a los que ya estamos acostumbrados, dejarán incluso de ser objetivados en el tiempo no con la gravedad que requieren, sino con la deriva de habernos sorprendido como causa de debilidad de las personas y no como fuga inherente de responsabilidades, que no se han venido observando en una cadena de mando que termina en lo más alto de la cúspide.

¿Será que en lo más alto se encuentra también lo más deficitario?.