viernes, 20 de febrero de 2026

La vieja guardia

 

 

De vez en cuando surgen estas expresiones, que no son nuevas sino, como bien dice el enunciado, pertenecen al mundo de lo vetusto, que rememoran la manera en que, a pesar del paso de los años, todo camina por la misma vereda de siempre, la que no te permite salir de lo que siempre ha servido y confirma que lo establecido es lo que vale y debe seguir funcionando.

 

No nos debería sorprender, por lo tanto, cómo en las cúpulas que dominan algunos estratos de poder no existe, ni por asomo, la voluntad de cambiar el procedimiento, cuando se barruntan problemas de conexión con la Sociedad que les ampara. Pocas diferencias, en mi opinión, con lo que también siguen sus oponentes mafiosos, entre los que la sumisión y el respeto prevalecen, por encima de otras consideraciones de un calado más confiable, entre quienes somos considerados consumidores de servicios públicos.

 

Y acabamos casi donde siempre, donde se pone de manifiesto la poca valía de esos servicios que entrañarían su exquisito cumplimiento, que termina quedando en la perfecta teoría, ratificada en protocolos que no se cumplen o que se obvian, por no molestar a los superiores.

Así las cosas, quedando todo al albur de la voluntad y a la creencia errónea de que cualquier desvío va a ser corregido, nos encontramos con unos hechos que, hasta ser juzgados, en el largo plazo a los que ya estamos acostumbrados, dejarán incluso de ser objetivados en el tiempo no con la gravedad que requieren, sino con la deriva de habernos sorprendido como causa de debilidad de las personas y no como fuga inherente de responsabilidades, que no se han venido observando en una cadena de mando que termina en lo más alto de la cúspide.

¿Será que en lo más alto se encuentra también lo más deficitario?.       

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