martes, 10 de febrero de 2026

Amor u odio

 

 

Que hacen redundar a la población de esa isla caribeña en la que, una revolución frustrada, ha permitido a sus poderosos vecinos denigrarla hasta límites inauditos. Sin embargo, quienes hayan sabido soportar la presión, podrán sentirse de algún modo satisfechos con la filosofía mantenida, aunque exhaustos por el comportamiento de sus líderes, incapaces de aportar soluciones.

 

Todo o nada se resuelve, sino que queda pendiente, en espera de obtener la compasión de quienes, conociéndoles, aprecian cuanto hay de bello en ella, pero sin querer poner demasiado empeño en ayudarlos. Así se ve, a lo lejos, esa Cuba que, desde Castro, ha podido resistir los embates ultra-liberales que, al tiempo que se aprovecharon de ella cuanto pudieron o quisieron, la han utilizado como escarnio improcedente.

 

Tampoco a los que huyeron, en su momento, les va mejor en USA, solo los muy espabilados, afines a técnicas ultra-conservadoras se han hecho, en Miami, el hueco que ahora menosprecia Washington. Su odio al régimen, que en origen les daba acogida, se vuelve como un boomerang para golpear su rostro, tostado por el sol, en un país siempre extranjero.

¿Qué se puede hacer por Cuba hoy? Quizás lleguen antes las ayudas particulares que las oficiales, que sopesan muy mucho los enfados que susciten en la Casa Blanca. Tampoco parece movilizarse la UE, en tiempos en que ella misma ha de preocuparse por su supervivencia.

Los revolucionarios de aquellos días, estén donde estén hoy, debieran pedir disculpas por lo que hicieron, sin pensarse antes las consecuencias que atraviesan hoy sus herederos. Su romanticismo les dejó anclados en un punto al que no querrían volver, habiéndolo sabido.   

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