lunes, 16 de febrero de 2026

Piano forte

 

 

Europa parece que siga aturdida todavía por el rapapolvo del mensajero de Trump, sobre la falta de empatía que tendría que unirnos a imagen y semejanza de lo que allí se hace y se dice. Parece ser que no hemos aprendido todavía la lección y que no estamos aplicados en ella, mientras el zar del Imperio continua dictando sus leyes para que las cosas se produzcan a su modo y manera.

 

Se impone mesura, desde luego, pero a la vez la suficiente contundencia para que no se nos tome a los de este lado por sumisos y se nos venda una moto que ni siquiera funciona. Quizás los discursos que se han venido dando últimamente aquí, han opuesto una cierta oposición al ordeno y mando y ello les hace reconsiderar algunas formas, pero no el meollo que se tiene que aceptar, para que volvamos a ser considerados los mejores aliados de que disponen. Pero antes hay que ocuparse de todos esos defectos que nos están haciendo un poco rebeldes, a la hora de rendir pleitesía. No estamos siendo prudentes con la migración ni tampoco valoramos en demasía cuanto se nos ofrece, en plan de cubrir su oferta.

Claro que no cuentan, para nada, quienes de aquél lado piensan en que EE.UU. sigue formando parte de una comunidad global que entiende maneras mucho más éticas y prácticas de abordar el cambio climático, además de proteger a minorías desvalidas a las que se les vienen restando ayudas desde que su todopoderoso presidente se hiciera cargo del Despacho Oval y le diera por restringir todo lo que podría evitar desigualdades en el Mundo.

Deberíamos andar despacio, pero con paso seguro, ante lo que se nos está imponiendo y que no cuenta dentro de la filosofía que a los europeos (y a mucho norteamericanos) nos gusta. Hay mucho trabajo por hacer y es su afamada Justicia la que tiene que ir empezando por restarle bastante de la soberbia que desarrolla frente a sus propios conciudadanos.        

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