Descubierto en una casa limpia y saneada, en la que se estaba procurando que todo funcionara como es debido, o al menos con la pretensión de que fuera el lugar en el que vivir en confianza con todos sus moradores, surge de improviso tener que deshacerte de él y el cómo hacerlo. Lo razonable es acudir a expertos, que saben como tratar a estos insectos, capaces de obrar suficiente dolor, sobretodo al ser atacados.
Pues bien, resulta que el dueño de la casa la emprendió a golpes y se armó el gran lío de expandir el problema a gran escala. El resultado no pudo ser peor, desde el momento en que, el problema originado, resume con creces la incapacidad de control de los individuos diseminados, que pueden lograr todavía más dolor que el anteriormente causado.
Estamos hablando de paradoja, pero no hay que olvidar que la destrucción que puede conseguirse y que afecta a todos los residentes por completo, de aquél hogar que en algún momento estuvo tranquilo e incluso avanzó en proyectos, ahora tiene que abandonarse para buscar refugio donde lo haya, entre reacciones múltiples donde el consenso brilla por su ausencia.
¿Será posible vivir seguros en adelante? Posiblemente, al estar gobernados de la forma en que estamos, con auténticos líderes que solo viven para lo suyo y con capacidad suficiente como para construirse nuevas casas de lujo, ajenas por el momento a ninguna invasión de bichos, solo se transferirá al problema común y cotidiano de quienes no cesan de luchar por el bien y las vidas de quienes tengan a su cargo, sin despreciar su contribución a un futuro en el que habrá que seguir teniendo fe y esperanza en lo que nos depare, pero con la razón por única bandera.
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