Cuando eres un "particular" puedes permitirte algunas licencias, como que parezcas inseguro o incompetente, ya que nadie está obligado a saberlo todo, mucho menos al nivel que se le puede exigir a cualquier especialista, que entiende, sabe, pronuncia... sobre lo que pueda dar de sí en todo lo que se pueda traer entre manos.
En la escala relativa a miembros de cualquier gobierno del mundo, cabría esperarse, como mínimo, una preparación que fuera adecuada al cargo que representan, pero vemos que no, que no es así y que son ya unos cuantos los que circulan por él, con mucha menos solvencia de la que se podría deducir tras su nombramiento. Si es en ese nombramiento cuando se solapan las carencias, notándose ostensiblemente también las de unos asesores que figuran entre bambalinas, podría estimarse que, por mucha importancia que se den, representando al país más rico y potente del globo, no tienen la suficiente capacidad como para sacarlo adelante, ante cualquier problema del que dependan sus conciudadanos.
Y es ahí, donde los conciudadanos que observan, que critican, que sufren sus malas prácticas, dentro del contexto global en el que se desenvuelven, tienen que volverse activos en contra de la manera en que se esté procediendo en su propia piel, convirtiéndoles en sujetos pasivos, víctimas y no beneficiarios, marginando su participación hasta sentirse completamente anulados.
Claro que con el cargo se añaden poderes casi omnímodos que, además, son susceptibles de influir en lo que, a nivel personal y del grupo que encabeza a modo particular, sirve para su propio engrandecimiento económico, siendo como son todos multimillonarios prepotentes.
Mala actuación, por tanto, la de concederles todos esos poderes plenipotenciarios, a quienes, sin la capacidad cultural necesaria, ostentan las decisiones que enfrentan a los norteamericanos.
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