Una convalidación de la que pueden presumir las ultraderechas, que llegaron sabiendo de sus posibilidades para hacer de la política algo rentable y así lo viene demostrando VOX, con cuotas de muy alta repercusión, aunque entre sus propios militantes haya quien no quiera sopesar su trascendecia, a la hora de conciliar resultados.
A Abascal le faltan recursos en defensa de la nitidez que reclama a sus contrarios, cuando la opacidad en la que se sumerge huele ya a podrido. El se sabe todavía fuerte, a la sombra de Trump, el emperador irreductible, pero dista mucho de poder ganar todavía más de un populismo que se irá apagando, a medida que sus propios correligionarios se vean precisados de cambiar el rumbo a la situación favorable que aún viven. La calle gritona e inconformista con todo, salvo con sus propios defectos, encabezados por esa incultura supina, que evita a toda costa la verdad doliente, y que acallaría las críticas con lo que siempre quedará a su mano, la violencia infinita con la que poder amedrentar a quien ose enfrentar su vuelo.
Todas las noticias que estamos conociendo, de boca de sus propios fundadores, hacen pensar que pueden acabar demostrando que, detrás de tanta falsedad, hay todo un negocio en el que se ha empleado oficio, mucho oficio, para engrosar unas cuentas que nunca jamás han estado claras...
Buena forma de hacer política para el pueblo llano al que siempre dicen dirigirse.
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