Algo difícil de mantener, cuando la base iniciática no supera los mínimos que puedan lograrse solo con billetes verdes y tengas que recurrir a ellos para vencer las dificultades. Es en caso de necesidad hacer lo que sea con tal de recuperar lo perdido.
La pregunta hoy es si el precio a pagar por ello merecería la pena, cuando lo has logrado artificialmente, sin la comparecencia de unos méritos de los que careces, solo obligado por lo que representas.
Que aparezca en escena, a la carrera, una persona supuestamente culta, blandiendo un arma y con el instinto suicida de salvar al mundo de un poderoso dirigente, parece cosa ingeniada por alguien con espíritu de escritor de historias tremendas. Qué más da poner a todo un Servicio Secreto en vergüenza, si el intento merece ser puesto en juego. En el remate de la misma estará la enajenación mental, para que la raza blanca no quede en total evidencia y sea solo maniobra de un lobo solitario, dispuesto a todo para hacerse famoso.
Resulta que quien antes no quiso ir a esa convención de periodistas sesudos a los que odias, porque te hacen preguntas que no sabes contestar, esta vez si va, pretendiendo lucirse en tan esplendida gala. La cosa no huele bien y huele todavía peor la urgente necesidad de hacer de la pena un triunfo. Hacerle creer al mundo que tienes el derecho de reclamar lástima por todo lo que has hecho y ahora se ve mal, por culpa de un loco de los que ahora se encuentran con asombrosa facilidad, forma parte de una astucia ya ensayada ante lo que solo los más ingenuos pican el anzuelo.
La Humanidad también avanza en conocimiento pues tiene suficiente base con lo que unos y otros la han ido enseñando. Los retrocesos, sin embargo, nos colocan a todos en el emparejamiento con la pobreza intelectual de quienes no tienen tiempo de reflexionar sobre lo que ocurra y se inspire en la mala praxis.
No hay comentarios:
Publicar un comentario