viernes, 10 de abril de 2026

Fractura

 

 

Quizás sea solo una ilusión mía, la que me haga pensar que la ultraderecha se encuentra en fase terminal, al no ser suficiente contar con el importante apoyo económico que recibe, para seguir sumando ante la población, cuando se demuestra, con datos objetivos, que sus líderes ni tienen cultura ni saben organizarse más allá de seguir aumentando ingresos, por vía de concesiones.

 

Los poderes fácticos empujan y dejan bien a las claras las situaciones hiperbólicas por las que han de atravesar para, a base de improperios y falsedades, hacer descansar la ausencia de propuestas viables. No hay sustancia que les sea atribuible ni mérito que no acabe conculcando lo que las sociedades tenían ya aprobado, desbarran con la fuerza del griterío en las calles o la persecución de cuanto les molesta, dejada en manos de chavales que lo único que pretenden es vivir holgadamente el lujo que entusiasma sus vidas. Han logrado adivinar el camino por el que hacer discurrir sus prácticas, sabiéndose protegidos.

Sus gurús tampoco es que sean capaces de saber interpretar, sin dinero ni poder, cómo conseguir sus fines. ¿Qué sería de Israel, si no tuviera detrás todo el peso del sionismo sustentando sus excesos? Es indudable que, el poder en la sombra, ejerce de pieza fundamental en su fatídico instinto anti-conservacionista. Preferirían quedarse solos en el mundo, con tal de imponer el criterio que les conviene. Sin enemigos, disuelto aquello que pueda hacerles frente, acabarían quedándose con ese mundo imperfecto que alaba sus pretensiones y refuerza sus conquistas.

Pobres ciudadanos israelíes que no pueden vivir tranquilos a expensas de su gobierno...   

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