domingo, 19 de abril de 2026

La génesis

 

 

Indispensable, tener presente el pasado para entender el presente y mirar hacia el futuro. Cómo, si no, olvidarlo sin encadenar consecuencias y fracasos que ayuden a mejorar lo que hay, que hemos conseguido con mucho esfuerzo, con esperanzas relativas a futuro.

 

Los europeos deberíamos tenerlo muy presente cada día. Ya nadie se acerca hoy a Europa sin sopesar todo lo que le conviene admitir como propio en algún momento dado. Aquél que rebase nuestras fronteras se ha tenido que imponer previamente de aquello a lo que habrá de atenerse, más allá de las expectativas que atesore ya que, para la mayoría, supone beneficiarse de todo aquello que, en su lugar de procedencia, tenía vetado e indisponible por muchos años.

La UE no es todo un Cielo en apariencia, como quizás lo fuera también en USA en otros tiempos más favorables. Llegar y continuar asumiendo el calvario que vivirían, acentuado por el posible riesgo de no aclimatación cultural, no es asunto baladí que desatender. Quienes tuvimos en nuestras familias emigrantes con destino Alemania o Suiza, sabemos bien las dificultades que tuvieron que sortear hasta hacerse hueco en esa Sociedades por entonces más desarrolladas.

Buena iniciativa del gobierno de Sánchez a la hora de regularizar lo que ya estaba siendo hora de hacer en favor de esa mayoría que lo estaba requiriendo, pero el principal escollo que han de superar es ese nacionalismo instalado en la Sociedades de hoy, que se dicen avanzadas y que no consienten eliminar desigualdades, ya que de ellas depende la primacía.

Deberíamos sentirnos satisfechos y no dar pábulo a esos bulos que se difunden con interés, para sembrar la fobia que nunca apareció en Alemania, cuando fuimos allá para construir la locomotora que después ha sido. Hemos de seguir demostrando que Europa puede llegar a ser nuevo motor de un mundo que necesita restablecer valores, que hemos ido dejando en las cunetas, sin olvidarnos nunca del principio. 

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