¿Es así como nos gusta vivir? Creo que no, por mucho que algunos se empeñen en que lo estemos, por la gracia de sus actos y de sus componendas. Que vivamos en ese escenario que, a telón abierto, nos hace asistir a representaciones que no merecerían ser vistas, no quiere decir que no podamos levantarnos de la butaca para no querer ser engullidos por toda esa bazofia que a otros muchos les encanta. Todo por no molestarse en disgregar, hasta reconocer lo conveniente. Toda una manera de fundamentar estrategias de acoso y derribo, la de esparcir porquería desde que se levantan hasta que se acuestan, convencidos de que sirven a los fines con los que acabar, por la tremenda, con lo que una vez llegamos a entender positivo.
Sumarse sin aquellos complejos que dimanaban de las buenas prácticas, que antes se usaban y que ya no cuentan por ser demodés, quizá nos haga modernitos pero nos descargan de aquellas responsabilidades que pensábamos eran inaplazables y que ahora resulta que sobran, porque nos impiden ser "libres" según esos nuevos pensadores ultra que evitan tener que adaptarse a una moral caduca.
De tal modo piensan y actúan, que hasta el papado, inmerso en su tradicional letanía, les resulta de una ideología demasiado coercitiva para sus intereses, hacia los que se orientan quienes no ven nunca saciados sus límites.
Desde algunos márgenes se van sumando enemigos, al tiempo que estigmatizan a quienes les siguen la corriente, por el lado del consumo y la ideología que más les conviene, en tanto les llega la vía del éxito que tanto anhelan y que, posiblemente, nunca les llegue según su criterio acerca del mismo. Seguirán cayendo víctimas, sin que nadie sea capaz de aventurar en qué momento concluyan los fracasos.
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