Hacen falta fórmulas magistrales quizás, la inventiva se está quedando huérfana y da la impresión de que las noticias y su abrasadora fuerza cognitiva, aunque carezca de verdad objetiva y esté plagada de mentira interpuesta, se apresta a conducirnos por un camino equivocado que nos costará corregir, si no somos eficaces ni eficientes a la hora de tomar medidas.
Entre la ingenuidad y la mendacidad obsesiva, hay mucho trecho que recorrer pero los efectos relativos que puedan causar, por un lugar o por el otro, parecen igual de dañinos si consiguen alterar la psiquis con la que amueblamos esa masa gris que preside nuestros actos. Todo ese maremagnum de cosas que suceden a velocidad de vértigo, que complican nuestros días y los hacen perentorios para tomar decisiones, nos coloca en la tesitura de perder el ritmo pausado que debería presidirlos.
Ahora es un barquito, lujoso, exclusivo, el que nos pone a todos en el disparadero y coloca, fuera de juego, a una mayoría de científicos que, aún señalando gravedad, nos alejan de aquella pesadilla que se llevara por delante a millones de habitantes del planeta. Todavía hay quien juega a esa forma de "tetris" con la cual puede caerte encima la pieza destructora, para hacer con él un supuesto mecanismo de defensa que, al tiempo, introduzca más preocupación de la debida y sirva para interrumpir una gestión, consensuada con la OMS, que solo tiene de déspota lo que quieran asignarle.
Qué mala puede llegar a ser la política, cuando se enfoca mal y venga de donde venga...
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