Cualquier investigación tratará de ejercer la búsqueda de elementos interesantes que puedan construir la causa iniciada, con la sagacidad de todo experto que se precie. A medida de que se vaya visibilizando el edificio, cualquier añadido que pueda aparecer, que signifique aumentar la sustancia, bienvenido sea.
La intuición también cuenta y, para un investigador, una suposición que pueda adquirir detalles de solvencia, se ofrece como posible garantía de éxito, acumulando pruebas que no puedan resistirse a una posible concreción del delito. Según la tesis que detallo más arriba, díganme si al entrar en cualquier casa en la que haya morado algún prócer, no va a ser posible encontrar algo significativo que sirva de imputación en algún caso delictivo. A Sarkozy le acabaron encontrando pruebas y a quien no, habiéndose relacionado con jerarcas árabes, siempre dispuestos a ofrecer suntuosos regalos.
A partir de ahí, creernos la honorabilidad del representante público es como la fe del ateo, que recela siempre de lo que viene de arriba, así que el buen criterio policial pasaría por abrir las cajas fuertes de cualquiera de ellos y verificar su contenido, del que levantar acta detallada para que siga su curso hasta el final del proceso.
Mi pregunta sería porqué no han aprovechado las diligencias para abrirlas al unísono y comprobar el grado de honorabilidad de todos los presidentes gubernativos, de los que ya conocíamos alguna faltita, aunque se les haya propiciado el momento evasivo por el cual han sabido salirse por la tangente.
Sumen notoriedad, imagen nítida en su momento, entereza del concepto añadido de inviolabilidad del cargo o la lista interminable de amigos íntimos con los que relacionarles y obtendrán un amplio resumen de emolumentos fáciles de conseguir que puedan quedar sin ser vistos por esa misma ciudadanía cansada de aplaudir sus mensajes.
Si es verdad lo de que han colonizado las instituciones que de momento lo parece, añadamos frecuencias y obtendremos historias interminables que, de ser nuestras, podrían colocarnos en condiciones muy precarias.
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