domingo, 14 de junio de 2026

Siga la línea de puntos

 

 

O complete los espacios en blanco, son las estrategias simples para la dirección, en la eficacia de instrumentos de apropiación del sentimiento popular. Un ciudadano confiado es un ciudadano ganado para cualquier propuesta de resultado afirmativo, lo demás es nadar en completa discordia, sin garantizar el éxito en las contiendas políticas.

 

Una vez más la ciudadanía suiza nos confirma su grado de compromiso social y su capacidad intrínseca para ejecutar fórmulas de consenso. La apuesta por el lado extremo pretendía unirse a lo que en el resto de Europa persiguen sus socios continentales, pero no ha habido cuórum, lo ha impedido la racionalidad de unas gentes con elevado sentido cívico que además conoce bien en qué ha de basarse el bienestar que disfrutan. Lo demás es tontería o querer sacar los pies del tiesto.

 

La desigualdad, en términos de comportamiento, es elevada y responde a un nivel cultural que no permite ninguna clase de concesiones a la indecencia, lo cual no quiere decir que no haya excesos con repercusión penal, como en otros sitios, sino que evidencia superioridad moral, con consecuencias prácticas, que tampoco se dan en países del entorno. Es como la isla solitaria y pacífica que en la práctica resiste cualquier embate de mar embravecido en sus costas y, por lo general, inadmite el que aparezcan medusas urticantes en sus playas.

El resultado aportado en las urnas habla de la ciudadanía suiza como la de una madurez que sabe elegir lo que más la conviene y a la vez se expresa con la contundencia necesaria para convertir la convivencia en objeto a destacar, con un rasgo multicultural digno de alabanza.

Quien haya tenido tiempo de pasear por las calles de cualquier ciudad suiza, habrá tenido tiempo también de comprobar cómo mantienen sus calles impolutas y mantienen el respeto a las conductas señalas como apropiadas. En ellas uno se ve impulsado a seguir la norma pero no por obligación, sino por conciencia de participante, de un pueblo que se respeta a sí mismo y entiende como nadie de donde ha de partir el inicio de la excelencia.

Por inercia, todo el que llegue allí queda enseguida imbuido de lo que tiene que hacer, si quiere ser respetado. En nuestro país, por ejemplo, esto queda mucho más difuminado, al ver cómo no somos tan estrictos, empezando con nosotros mismos.    

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