domingo, 21 de junio de 2026

Considerandos

 

 

En mi juventud algunas profesiones estaban mitificadas y gozaban de un respeto, casi increíble, ganado a base de sacrificio y esfuerzo. Así en las poblaciones más renombradas, como también en los pueblos, ostentabas el título de médico y todo se rendía a tus pies y casi nadie se atrevía a tomarte la palabra, cuando previamente sabías que tu interlocutor te ganaba en todas las apuestas.

 

Valor que se fue extendiendo, aprovechando el vacío de cargos ilustres que había en ellas, mientras esos pocos disfrutaban de una bien ganada oposición con méritos. Lo que ocurre hoy, a pesar de los grandes avances conseguidos, también tiene que ver con los méritos, aunque ahora más, eclipsados por la cantidad de títulos otorgados, aunque con menos membresía, apartando a los hijos de, herederos de, ayudantes de... que se han tomado las molestias de seguir de cerca la mejor instrucción de sus antecesores.

 

Parece que esté siendo evidente que, ante el elevado número de orlas aparecidas por las universidades, han sido mucho quienes hayan accedido, aunque solo con la voluntad de hacerse hueco pero sin mostrar demasiado interés por continuar los aspectos más sufridos de la carrera, solo dispuestos a hacerse notar por la graduación que ostenten en el destino.

La imagen que brindan algunos jueces, cuando han llegado al punto de fusión practicable, sin romper la fisión nuclear a la que correspondería llegar, es cuanto menos muy lastimosa. Si no, juzguen (seguro que ya lo han hecho) cómo despachan algunos jueces sus autos, atendiendo más al poder de su llamada, que al poder de su forma intachable de aplicar justicia, que desde algunos puntos de vista que apuntan al disparate.

De seguir así, pronto veremos de qué manera se nos presentan las leyes cuando sin invocadas y cómo termina emplazándose a los "presuntos" a presuntas pruebas inverosímiles, si no, al tiempo.  

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