Una atmósfera cargada nutre el ambiente político, lo que hace que las cosas no sean como han sido siempre ni sientan tan bien como quieren las gentes, obligadas a moverse al compás que le dictan los que mandan y que siempre han mandado. La disociación hace tiempo que está funcionando, y lo hace cada vez con más hartura y menos tibieza. Ahora resulta que se está forzando la máquina, por decisión gubernativa y tendremos que someternos al recurso de las urnas cuando interfiera cada cual en las estrategias que le convengan.
Todo lo que quede pendiente, ya se resolverá en su momento, si es que el momento llega y los votos sirven para algo más de lo que representan, terminando por el tejado sin haber completado aún los cimientos.
Toda la solemnidad que le achacábamos a la política, resuelta a propiciarnos más disgustos y sinsabores, adivinando casi al detalle la composición de unas listas que, ya decimos nosotros, diferirán bastante poco con las conseguidas no ya en los primeros lugares, también en los últimos, donde volverán a estar gentes de partido que recogerán los testigos bajo la atenta mirada de quienes les pronuncian y al tiempo les advierten de lo que habrán de lograr, si es que quieren medrar en el equipo.
Como referencia, un botón, ya que los nombramientos de VOX evidencian, en cuanto hablan, toda esa materia de la que estarían compuestos, como constatando un material de un solo uso y sin capacidad restante para ponerse a trabajar por sus votantes.
Parece como si se estuviera inflando el globo de la abstención, para que terminara explotándose a conveniencia, deshaciendo o desnaturalizando la verdadera casuística democrática, con el fin de desvirtuarla.
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