Recuerdo como si fuera hoy, aquella sensación que se vivía en España, cuando nos gobernaba Franco, sintiéndonos completamente aislados sin la consideración externa de ciudadanos extranjeros, empezando por los residentes europeos. Aquella manifestación hiriente que nos llegaba de Francia: África empieza en los Pirineos, que trataba de resolver, de un plumazo, lo poco que contábamos para ellos, a pesar de nuestra dilatada historia desde los tiempos del famoso Imperio de Felipe II e incluso antes, remontándonos a la Hispania romana.
Todo ha cambiado mucho y lo que es más viral aún, el mundo entero vive ya, gracias a la información instantánea, sujeto a tantas premisas, que lo hacen interdependiente en grado sumo. Las dependencias a las que pueden verse sometidas los países es tal, que lo que se haga en la otra punta del globo puede acabar repercutiendo, casi de inmediato, en nuestra creída y crecida soberanía, que no quiere perder el tiempo en consideraciones que no estén certificadas, aunque puedan existir en esa parte oscura que domina la política.
Lo de la soberanía es un decir, pues está muy sometida a conciertos económicos, industriales, contractuales... que no cesan de interponerse en caminos que antes eran solo de nuestro ámbito. Esa tesis, de tomarla en cuenta, podría terminar aclarando algunos movimientos que, desde centros potentes donde los tecnopoderosos no paran de inventar acciones invasivas, ponen el foco en ganar nuestras conciencias, utilizando herramientas que, según dicen, nos harán la vida mucho más confortable aunque, eso sí, más dependiente.
Hay en marcha teorías de la conspiración que tratan de abordar la relación existente entre super-millonarios para acabar haciéndose con el mayor trozo de una tarta que ya estaría troceada previamente, descontando el trabajo de think-tanks cuyo resultado habría de ser ostensiblemente favorable a sus fines.
Así, de ayer a hoy, cuando todo ha cambiado sobre manera, y no dependemos de nosotros mismos, sería interesante saber hasta qué punto han ganado ya nuestro terreno y nos invitan a dejar las ínfulas de grandeza personal para otros cometidos, mucho más simples y menos perentorios.
¿Sería esto aplicable a la situación que hoy se vive en Cuba?
No hay comentarios:
Publicar un comentario