La que podría asistirle a Cuba, en sus horas de reconstrucción nacional, y no termina de completar en todas sus fases. La disociación entre el poder político y todo ese pueblo sumido en la más miserable de las conciencias, es más que evidente, y solo tiene el camino de la reforma en la asunción de nuevos mecanismos que abarquen la práctica totalidad de su vida diaria, alejándola del sometimiento a la ideología castrista.
El paso del tiempo ha incidido a peor, por la insistencia del clan dominante, que tiene bien resuelto su porvenir con el que poder mantenerse a flote, mientras el pueblo ve limitada a la mínima expresión su capacidad de desarrollo. Y así no se puede seguir, por mucha fe que se tenga en el socialismo libertario.
El correctivo que necesitarían los líderes puede venir inducido de los EE.UU. aunque no sea esa la finalidad que persigue Trump, consciente del filón turístico de la isla y del interés que despierta en los hoteleros norteamericanos, una vez que desplace, como lo está haciendo, a los que estaban hermanados con el régimen que venían alimentando. Y ya está casi ultimado el proyecto, lo demás vendrá por añadidura, cuando los líderes no tengan más remedio que replegarse para poder restaurar la funcionalidad de país en marcha.
La ofensiva iniciada en este nuevo vértice del globo en el que se ha fijado, tendrá que dar también los resultados esperados, a cambio de unas pocas migajas diseminadas y perdones distribuidos.
Mientras, Fidel desde su tumba se estará revolviendo, pensando en lo mal que está acabando su ideario, con toda esa caterva de advenedizos instalados en los puestos clave que dejó a disposición para disfrute eterno.
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