Quien tenga ojos para ver, además de mirar, se podrá dar cuenta de las cosas que van ocurriendo en el mundo, desde hace ya algún tiempo, que influyen en la percepción que hacemos de él, a partir de las consecuencias de cuanto sucede y pueda estar siendo dirigido quizás desde unos centros de poder que ganan por mayoría, aunque no de personas, sí de intenciones.
Percibirlo con todo detalle no es fácil, pues muchas de las cosas se nos ocultan con la sutileza de quien domina la sociología y entiende bien cómo hay que tratar a las personas, para ir ganando no solo sus conciencias, también sus necesidades.
Ideas y líderes en ascenso testifican escasos méritos comprometidos, siendo refrendados solo por el grado de empoderamiento que contraen, gracias a un ingente cúmulo de ayudas, muchas de ellas opacas, convertidas en recursos de gran interés que han de devolverse con creces. Por ejemplo, veamos el caso de VOX que ahora reclama del propio estado que le aporte los gastos financieros resultantes de los préstamos contraídos a través del bueno de Orbán. ¿Puede existir mayor desfachatez discursiva?
Recalcar lo evidente, de que muchos entren en política para medrar, no nos faculta poder entender del todo, lo mucho que habría que reprocharles a sus profesionales, cuando incorporan a sus discursos la retórica del beneficio al sector "popular" que puede aventurar los mejores tiempos para el arreglo de sus causas. La ayuda que, al propio tiempo, están obteniendo de los contrarios, por vía de una corrupción que acaba interesando, se mire por donde se mire, es de todo punto inestimable.
El trabajo que nos queda, a la gente de a pie, es el de poder distinguir qué es lo que nos conviene y qué no, a la hora de proyectar, con detenimiento, dónde habrá que colocar nuestros intereses, cuando seamos llamados por fin a las urnas y pongamos en ellas toda la carne que requiere el asador que, sin quemarla, la deje dispuesta para ser digerida después.
Decir lo sensibles que tendremos que ser, a la hora de pensar el futuro, es de todo punto innecesario, si es que razonamos convenientemente y no nos dejamos llevar por la apariencia de los que tratan de llevarnos a su terreno, el de la confianza en que todo siga igual para que nada cambie.
Hay muchas fuerzas que siguen de cerca la oportunidad de hacerse con todo y no deberíamos prestar nuestra colaboración, sin antes poner sobre la mesa nuestros propios intereses, de los que muchos no son coincidentes.
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