Es decir la comparación más que necesaria de lo que tenemos a día de hoy, para poder soportar con la mayor y mejor amplitud todo lo que se nos avecina, partiría, a mi modo de ver, de lo que va a poder sobrevivir, y no aumentar, ese margen de confianza que no buscan los políticos sino que se la apropian, como si esto fuera solo cuestión de una aglutinación de poderes, en busca del cáliz de salvación de sus peores prácticas consumistas y ultraliberales.
No se ve en la derecha ninguna autocrítica, más bien se reafirman en contrarrestar lo que huela a progresismo, sin hacer aportes que nos aseguren cambios en su apreciación, por ejemplo, de las agresiones de sus principales líderes al Medio Ambiente, o la rotunda negación de ayudas a los infelices, por vía de las ONGs o los organismos internacionales que venían interviniendo en sus soluciones, denostados por quienes sería justo que atendieran con preferencia.
Rendirse a una evidencia, todavía por contrastar, a pesar de los aparentes triunfos, aunque rodeados de errores mayúsculos que nos están complicando la vida y de qué forma, a quienes todavía mostramos dudas sobre a donde irá a parar tan diabólica concentración de poder, que promete dejarnos a todos en cueros, sumisos y galopantes en un corcel con las patas rotas y sin montura, resulta ser una resolución impropia en quienes avistábamos, no hace mucho tiempo, lo bien que podría ser que supiéramos entendernos en aquél mundo globalizado y dispuesto a una tarea que ahora se nos ha complicado y de qué manera.
No hay que perder la fe y, sobre todo, insuflar desde abajo la pequeña hoguera sobre la que pueda renacer el fuego. Hay mucha gente sabia en la que poder confiar aún y, con un símil futbolero, todavía ganaríamos por goleada...
No hay comentarios:
Publicar un comentario