El disfrute de los jóvenes con su selección, no apacigua sus críticas divergentes, que seguirán ahí esperando soluciones que no llegan, a unos problemas candentes que siguen instalados en sus mentes, en muchos casos prodigiosas, que son incapaces de poder superarlos.
El que unos pocos hayan logrado su sueño, al tiempo que les aportan a los demás la sensación falsa de poder conseguirlo, no quiere decir que sus preocupaciones hayan disminuido un ápice. Solo se salvan quienes tienen recorrido dentro de las élites y pueden vivir despreocupados, disfrutando de viajes pagados por el mundo, siguiendo a las estrellas.
Hay muchos eslabones rotos y muchas respuestas que confirmar, en asuntos demasiado graves como para olvidarlos en medio de esa lucha partidista que no consigue un mínimo de consenso. Por eso, tras el breve paso por los laureles, que solo benefician en directo a quienes van sobrados ya de esperanza, hay que volver urgentemente a la tarea de restituir un mejor ambiente en el que abandonar rencillas e insultos, dejando en segundo plano esas ansias por derrocar a un gobierno, para encomendarse a un trabajo más decente, el de proponer objetivos que puedan cumplirse entre todos.
Lo malo es que no tenemos una Oposición que sepa encauzarnos a la nueva vía y solo intente, con ese apasionamiento irracional, sobretodo para la mayoría no profesional de la política, dinamitar hasta lo ya conseguido no sin gran esfuerzo.
La calle, después del recibimiento fantástico dado a sus héroes, espera a otro tipo de partidos que sean capaces de devolverles, si no el mismo, algo de entusiasmo con el que seguir tirando...
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