De los tiempos gastados en política, el presidente Rajoy ha dado muestras de no estar demasiado bien informado, ni de dar demasiado a derechas, a pesar de vivir inmerso en ellas. Una colección de memes le persigue desde que se hiciera cargo del sillón más prestigioso de LaMoncloa y, según se ve, quiere seguir protagonizando la estupidez (que no sarcasmo) cuando osa referirse al mundo exterior, del que apenas sabe, ni parece que quiera saber, más allá del suelo patrio que adora como buen nacionalista.
Quien le mandaba a él hacer comentarios que pudieran llegar a perjudicar la buena vecindad con el país cercano. La derecha evidencia, poniendo trabas al Tratado de Amistad con Francia en el Senado, una fobia que viene ya de lejos, quizás por un falso conocimiento del significado del deber europeísta que persiguen los países que integran la Comunidad, que se pone muchas veces de manifiesto, contradiciendo al PP europeo incluso.
Los indicios que nos hacen suponer esta estrategia, son lo de estar en desacuerdo con los principales postulados franceses, mayoritariamente fundados en la libertad, igualdad, fraternidad, que no dejan de perseguir en la nación vecina y no terminan de gustar en nuestro lado gris que abraza, casi sin fisuras, nuestra derecha involucionista.
Según sus propias palabras, los dichos debieran ser antes bien pensados, con lo que, apoyándonos en sus propias manifestaciones, no habría una ocurrencia de las suyas, sino una confesión elocuente de lo que realmente piensa respecto al acervo cultural nacionalista que evitar tener que depender de gentes extrañas que hayan venido de fuera.
Parece lógico que haya molestado, y de qué manera, a quienes, cargados de razón, le atribuyan a nuestro ex-presidente no una idiotez insensata, sino una confesión irredenta de lo que para el puede estar significando la multiculturalidad, ahora imperante, en el país de Molière que tanta gloria dio y no solo al Continente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario