viernes, 24 de julio de 2026

Punto final

 

 

No hago más que lamentarme, casi a diario, de mis frustraciones por no poder arreglar el mundo, ni siquiera un ápice, en el largo camino de mis días transcurridos. Y lo digo no por lo que me sea ajeno, sino mucho más por las contradicciones, los errores, los fracasos continuados que no dejo de cometer, cuando se esperarían acciones oportunas. Esta reflexión particular, unida a otras muchas que, en este sentido, pudieran estar produciéndose, nos convierte en parte de un todo que urgentemente tendríamos que corregir, desde lo privado hasta lo público, ya que no podemos seguir así ni un día más.

 

No es cuestión pueril el análisis que habría de convertir al ser humano en ser mucho más responsable y capaz de acometer, con la prudencia necesaria, soluciones favorecedoras del mejor entendimiento. La racionalidad se ha de imponer desde todos los puntos de vista que puedan tener cabida, hasta ajustar todo lo necesario. Antes de vernos definitivamente perdidos creo que aún nos queda un tiempo para la reflexión y el consenso.

 

Tras lo anterior no se puede rehuir la solicitud a los demás, de la concreción de sus compromisos sociales. Desde las aseguradoras que, además de aumentar sus primas, se deben a su responsabilidad en soluciones futuras, con inversiones adecuadas, a los sectores empresariales a los que no suele escucharse lo que hacen, de más, en su obligado retorno, sobretodo tras los ingentes beneficios publicados recientemente. Su visible afán por la concentración, en momentos de máxima afluencia de capitales, les deja en una posición muy deficitaria en cuanto a la Salud Ambiental a la que tenemos todos derecho.

Qué decir de los políticos, ante una sociedad politizada como la nuestra, donde en el seno de las familias se empieza discutiendo cada mañana sobre el sexo de los ángeles y se termina decantando la opinión ideológica que mantenemos con radical insistencia. No son el espejo en que mirarnos, desde luego, y por eso hay que exigirles que se comporten como deben y no extiendan, aún más, el jeroglífico a resolver desde sus propias filas. Si entendemos que el asunto es crítico... ¿a qué esperamos para identificarlo, al menos como ciudadanos que somos?   

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