jueves, 9 de julio de 2026

Sucedáneos

 

 

Nos hemos acostumbrado a ellos, hasta el punto de no distinguir el parecido con los originales, convirtiendo, por tanto, su utilización como recurso apetecible que nos evita la fatiga de tener que buscar el trazo fino de cualquier exigencia. Quizá nos pase en todo, precisamente a la hora de querer enfrentarnos con realidades molestas.

 

Es esa facilidad, la de sustituir lo falsario por lo original, lo que nos deja a las puertas de pérdidas insustituibles, y lo que es peor, lastrando nuestra capacidad de mejora de apreciaciones que siempre nos sirvieron de talismán estimulante.

 

Nos enseñaron una vez que querer es poder, pero ahora nos cuesta siquiera advertir lo que queremos, con tal de no malgastar ningún poder, que reservamos para lo más sustancial, aunque no provechoso. Así, todas esas concesiones que hacemos a diario, utilizando con simpleza una cucharilla, en lugar de tener que molestarnos en poner la cafetera, acaban satisfaciendo nuestro interés por el tiempo, aunque perdamos lo esencial por el camino.

Extrapolando la tesis ante cualquier acontecimiento que tengamos que vivir, que debamos analizar, es fácil asumir aquello que, sin ser natural ni versado, se anteponga hasta dejarnos vacíos de contenido, con la consiguiente pérdida de sustancia gris por el camino.

Detenerse a pensar, es la mejor fórmula de la que disponemos, y solo cuesta dedicarle casi el mismo tiempo que a la fatiga de tener que reconocer, al final, lo mucho que hayamos podido perder por el camino.   

 

 

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