Quizás no en lo literal, sin embargo cercanos en lo afectivo, todas esas personas que huyen en la práctica de la nacionalidad que figure en sus papeles, posiblemente tengan también derechos reconocidos. Principalmente como personas, después como titulares de cualquier documento.
De la parte contraria, de aquellos que podemos sentirnos orgullosos de pertenecer a cualquier familia "nacional" se observan actuaciones muy poco constructivas. A esos les importan más los símbolos que las características, los arrojos que las determinaciones, pero casualmente mucho menos la patria que el dinero que pueda obtenerse, ya bien sea dentro como fuera, para lo que no haría falta hacer apología de nacionalidad. Esa sí que es una característica significativa de muchos de los apátridas sobradamente conocidos, empresarios, deportistas, influencers... ganadores todos de una fama que les produce grandes réditos.
El apátrida pobre, condenado a sufrir calamidades allá por donde decida residir (si es que le dejan) aduciendo incluso problemas de persecución por motivos políticos, tiene problemas desde el inicio sin que se sepa en qué podría acabar incurriendo para terminar siendo deportado. Lo hemos visto en USA, con qué facilidad, los paramilitares designados por el presidente, se saltar a la "torera" hasta los derechos más básicos de la ciudadanía.
Extrapolando los casos, según se produzcan en uno u otro sitio, las evidencias no dejan de certificar para qué y cómo, despreciando a las leyes, se utilizan medios distantes de los ortodoxos con los que tratar de potenciar la buena salud de lo tradicional frente a lo evolutivo, con graves consecuencias para todos y no solo para los que llegan sin avisar, pretendiendo tan solo incorporarse a cualquier trabajo, aunque sea deshonroso y precario.
En algún momento de sus días, significados apátridas luciendo, eso sí, banderas identificativas, se hacen llamar apátridas, pero no en su condición de titulares de pasaporte, sino de desprecio a esa misma bandera que lucen, con irresponsable sentido del deber en esa patria de todos, aunque particularmente de ellos, como primeros beneficiarios.
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