jueves, 27 de agosto de 2026

Autocomplacencia

 

 

Es decir, la satisfacción de volver a casa con el deber cumplido, aunque ese deber no esté del todo incluido en el compromiso adquirido para con los demás, sobretodo si están en peligro. Ese sería el punto de vista que, desde el exterior, suscita cualquier acción que se pueda ver deplorable, pero que no ataña a la personalidad de uno mismo. 

 

Lo que ya ocurre en Ceuta y que no se puede adjudicar, en exclusiva, a los ceutíes, tendría que estar previsto de antemano, pero no, tampoco aquí las autoridades quizás se hayan visto sorprendidas también ante tanto furor desatado, pero ciñámonos a lo particular, a la concreción de si nosotros mismos estaríamos en la misma línea de lo actuado, en contra de cualquier ejército sin armas, solo con la de una necesidad imperiosa y con muertes de por medio. 

 

Claro que hay diferentes grados de respuesta, de entre las más pacíficas a las más violentas, que reclaman para sí una paz que se les ha hurtado, pero a la que creen tener derecho menoscabando el derecho de los otros, que también lo tienen. Seguro que nadie, en tal situación, entiende el significado de empatía, con tal desigualdad de por medio. Yo mismo quizás me lo preguntaría, si sería capaz de resistirme a protestar por algo que consideraría justo, eso sí, si no fuera con todos los antecedentes que concurren, que son unos cuantos.

Hay muchas formas de violencia y no todas con constituyen de la misma manera. Para los pacifistas son siempre deplorables, pero más aún cuando se orquestan, con toda clase de medios, desde unos despachos en los que prima la ejecutoria estratégicamente pactada con aquellos a los que, sin pies ni cabeza (sobretodo esta última) estarían dispuestos en cualquier momento y en cualquier lugar.

Estamos asistiendo, en los últimos tiempos, a demasiados actos violentos, aquellos en los que se impone la irreflexión al moderamiento, dando rienda suelta a unos instintos que estimulan esa fiereza que, con autocomplacencia, queremos reafirmar cuando vemos en peligro nuestras adquisiciones logradas que, si nos fijamos, no tienen nunca validez suficiente como para enfrentarlas.

Personalmente no me sentiría nunca satisfecho con esa clase de autocomplacencia... volviendo a mi confortable hogar, mi guarida lograda sin demasiado mérito.   

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