Así, como se le ha dado en llamar al conjunto de estrategias de defensa y ataque, no paramos de tener sobresaltos, que si todavía no son cruentos en muchos casos, en otros adquieren relevancia múltiple, poniendo en jaque al divino reinado de la democracia. Solo faltaría que se consiguiera, andando los pasos de contra-reforma que ya se anduvieron en otros tiempos, pero esta vez de forma mucho más sibilina, incluyendo un tipo de "inteligencia" que no gana a la natural pero sí es capaz de superponerla.
Muchos no saben en qué quedarse, si tomarlo como juego infantil o refugiarse precipitadamente, bajo cuatro llaves, pensando que así no le llegará la temida deflagración anunciada. El caso es que si no lo es, que creo que sí, al menos lo parece, cuando la ofensiva está llegando a unas bases ciertamente adormecidas por esos fuegos artificiales que, en este maldito agosto de fuego, ni siquiera se van a poder ver por motivos más que razonables. Menos mal que lo de lanzar la cabra desde el campanario quedó atrás y se han podido salvar algunos pocos toros de la barbarie festivalera.
Si Netanyahu sigue en sus trece, sorteando a regañadientes el compromiso pactado, quiere decir que aún le quedan fuerzas en la recámara para seguir haciendo lo que le plazca dentro de un Likud permisivo y discordante en un estado libre de críticas duras. Desde afuera no se ve claro que pueda acabar extinguiéndose toda la ignominia desatada, a menos que se les apareciera Moisés, de repente, con otras tablas nuevas a tener en cuenta. Seguramente ni por esas.
En el centro neurálgico queda el divino tramposo, al que solo le cuadran sus propias cuentas, ganando los dólares a mansalva con toda esa serie de recursos deslavazados, pero de consistencia clave, para conseguirlos en tanto le dura su mandato, del que ya ha hecho mucho de lo pretendido y de lo por hacer. No le importa la fama que le seguirá persiguiendo mientras viva, su egocentrismo acabará imponiéndose a las críticas y compensará con creces la falta de estímulos serios.
Toda esa podredumbre con la que se está rociando nuestras mentes... ¿acabará otorgándole a la sinrazón la capacidad destructiva de la verdadera inteligencia?.
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