Quienes ilusoriamente pensaran, en algún momento, que pudieran desaparecer las fronteras, cayeron después de bruces ante el convencimiento de que la creación del Espacio Schengen sería solo un espejismo reducido a esa UE a la que, justamente ahora, le sobran epítetos, confundidos con valoraciones que solo están en el pensamiento de algunos europeos.
Las fronteras siguen capitalizando, por todo el mundo, todo el afán de discordia entre países vecinos que no saben o no quieren llevarse bien del todo, y apenas se esfuerzan siquiera en la apariencia. Así las cosas, Europa se podría haber convertido de hecho en ese país genérico en el que cabemos todos, los del Norte y los del Sur, aunque hayan surgido grandes impedimentos para esa conquista definitiva, que nos podría haber hecho a todos habitantes de un único país, en el que la circulación de personas no debería quedar restringida.
Si es bien cierto que la existencia de una inmigración irregular, no deja de importunar a las muchas autoridades que lo vigilan todo, todavía no se ha encontrado esa varita mágica con la que aproximar, definitivamente, todo lo que conlleva su administración en toda regla. Independientemente de ellas, quedamos los ciudadanos con pasaporte europeo, un poco abstraídos con toda esa falla continua a la que tenemos que asistir, unas veces lejos y otras no tanto, a esa concienciación que, para bien o para mal, se inmiscuye entre nosotros.
El envejecimiento al que se asiste en todo el Continente, parece no considerar en toda su extensión la necesidad "urgente" de mano de obra con la que atender no solo nuestros servicios públicos. Pero lo obvio no es detonante de mejora, en el curso de nuevas incorporaciones, sino más bien al contrario, como queriendo obligarnos a tener que asumir unas líneas rojas que eviten mezcla de consanguinidad, al tiempo que se pretende rebajar al máximo los costes de todos esos servicios, con un abuso tan desmesurado que produce nauseas.
Y hablando de fronteras, me pregunto si la bendición habida en Gibraltar, sobre la retirada de la verja, no podría tener algún parangón con lo que pudiera estar ocurriendo en Ceuta y Melilla, en plena crisis marroquí por querer anexionárselas.
Claro que las modernidades, en este tipo de cuestiones, no podrían ser nunca bienvenidas, en tiempos en los que las colonizaciones quedaron ya ampliamente relegadas.
Mientras llegue el Espacio Schengen Mundial, tendremos que seguir contemplando cómo se debaten, por todas las fronteras, familias enteras buscando ensoñaciones...
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