martes, 8 de septiembre de 2026

Efecto llamada

 

 

El que se nos seguirá haciendo, desde que AfD triunfara arrolladoramente en Sajonia. Una manera de perder el miedo a lo que podría interpretarse como nueva señal para enfrentarse al modelo de democracia "pasiva"; la que resulta de esa inacción continuada, sobre aspectos que no tienen solución y que deciden cambios profundos, aunque puedan revertir, con el tiempo, en lo ya gastado.

 

El líder Merz perdió enseguida su pobre carisma, hasta enrarecer el clima de desconfianza que se ha venido cerniendo sobre él, en cuestión de tiempo y en el que ha pesado, y mucho, esa economía en declive que empaña los cristales desde cualquier punto de vista. La ciudadanía no es tonta, a pesar de lo que algunos creen, y se rebela aunque sea sin el acierto que pretende encontrar en otros, que son los que, al fin y al cabo, podrían sacarla del barro. Un cambio estimulante, aunque sea a base de contrastar continuamente todas las decisiones que se adopten, aunque sea de la forma más brava que se encuentre.

Las izquierdas están desaparecidas, en sus aspiraciones trasnochadas, así que, pulsando a la radicalidad que viene "apretando", como ya dijera Feijóo en sus últimos discursos, copiando fórmulas agresivas que al menos llaman la atención, aunque vengan de donde vienen, con aliados de peso específico, resulta mucho más fácil sortear las dificultades del no saber qué hacer ni como proponer soluciones motoras, que no sean las de contentar a sus clásicos, hombres y mujeres de bien, empresarios y promotores de negocios al alza, sin las querencias formales que exigen unos tiempos de sostenibilidad indispensable.

Así las cosas, Pedro Sánchez, es verdad, se está quedando solo en el Continente y va a ser difícil que sostenga su postura, en medio de tanta virulencia y tanta corrupción en sus propias filas, por mucho que quiera hacerse pasar por víctima inmolada.

Pasar a la oposición, aunque la "progresía" tenga que sufrir episodios de gran impedancia, es decir, presión continuada en su ejercicio de alternancia de mérito, sería quizás la mejor manera de ganarle el peso que ahora no tiene, demostrándose, de facto, que tendría más éxito ahí que gobernando.

El cambio de manos en el poder, que actúa a propósito ante cualquier amenaza vea deslumbrarse en el horizonte, y así lo viene haciendo desde hace ya bastante tiempo, terminará ejerciendo en la sombra y posiblemente sea él quien incida en otra mejor idea de la que servirse de forma "moderna".

La llamada está hecha y hay que ponerse las pilas para los nuevos tiempos... 

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