sábado, 24 de octubre de 2026

Deriva peligrosa

 

 

Da gusto leer a Andrea Rizzi con su aguda templanza del momento político que vive la UE. Sí que sabe de lo que adolece y parece sentir en su propio cuerpo, la comunidad de nuestros pecados, que se aloja, con cierto temor en la vieja Europa cargada de símbolos y donde se empiezan a marcar sendas para la vuelta atrás, a los tiempos pretéritos en que todavía estaba por hacerse, después de toda esa violencia desmesurada que nos aportó el nacional-socialismo de tan fatídico recuerdo.

 

Decir que no hay remedio para todo este laberinto en el que nuestro continente parece estar perdido, es querer engañarnos sin remedio, porque no es verdad, ni mucho menos que los jóvenes, nuestros jóvenes, estén totalmente frustrados sin querer aportar para el cambio. Nunca estuvieron tan bien educados y nunca estarán tan inspirados en lo que deben hacer para iniciar los cambios. Las universidades están rebosando de lumbreras y seguro que no van a quedarse de brazos cruzados, esperando que terminen cayendo fulminados por la apatía.

 

La voluntad formal que les incita, se está declarando con la amplitud necesaria para hacerse oír y no tardaremos en ser testigos de lo que viene y que no cuenta con las mediocridades enseñadas por nuestros políticos. De momento, Francia se rebela con la tradición que les quiso dejar apartados del momento que viven, y ya veremos si Macron va a ser capaz de volver a ignorarles como ha estado haciendo estos últimos años. De ser así estaría cavando su propia fosa, sin querer rehacerse de lo que se ha instalado en su país y sin poder volver atrás para los remiendos.

La República no tiene más remedio que recomponerse y, al propio tiempo, salvar los muebles de toda esa UE que está impávida y sin saber muy bien qué hacer para salir de ésta. No hay posibilidad de una deriva peligrosa, con estos jóvenes ardiendo en deseos de ser protagonistas.   

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