lunes, 12 de octubre de 2026

Infanticidio

 

 

Así podríamos llamarlo, al enviar a los nietos de Franco a enfrentarse a la acampada de Sol, resiliente con su propósito de resistirse. Un espectáculo digno de admiración, pero en el plano negativo del poder de la inconsciencia. Tras disfrutar de la parada militar, qué mejor que acudir con sus banderas al acto simbólico de arrojar de esa plaza, como lo hicieran los heroicos del 1808 frente a los franceses, para salvar nuestro orgullo patrio. Lo peor es que muchas de esas banderas eran anti-constitucionales y arreciaron aquellos gritos de ¡Viva Franco! que pensábamos que no se volvieran a oír nunca más.

 

Que tengan ahora que dejar constancia de que aún existen y quieran ser otra vez protagonistas, nos hace pensar en que las dos Españas nunca se fueron y están ahí para recordarlo. Pero en esa medianía, separada en breve margen por una policía un tanto sensibilizada, dejada a su albedrío para dar los manidos porrazos, circula también el poder callado de unos rentistas, temerosos de perder sus prebendas de un plumazo. La abrumadora mayoría de jovencitos, insultando gravemente al Presidente del gobierno de todos, da idea de lo que algunos pretenderán a toda costa, utilizándolos como piedra de toque para que nada cambie y se les olvide su papel diferenciador que les correspondería, de tener la cabeza en su sitio.

Los unos contra los otros y la sangre caliente en ambos lados, embebiéndose del odio característico de los momentos que no hemos dejado de experimentar y que afluyen, últimamente, cada poco. Que haya más odio, quizás, que en el otro, está por ver y yo no me atrevo a cuantificarlo, pero da mucho miedo pensar que, con el tiempo, se acabe desmadrando, hasta el punto de hacerse tan viral que nos acabe contaminando el cerebro, aunque esté lleno de serrín y sirva solo para acumular desperdicio.    

No me negarán que pueda calificarse de infanticidio lo vivido hoy en Sol. 

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