martes, 13 de octubre de 2026

La buena dirección

 

 

La que escoges o la que te marcan, depende de muchos factores, por eso resulta necesario estar bien informado para no tener que desandar, al darte cuenta de que la elección no fue del todo correcta. Los humanos estamos supeditados desde, los inicios, a toda una serie de avatares que no son solamente propios de nuestro conocimiento, sino que se ven influidos en gran medida, primero por nuestros mayores y después por lo que vamos adoptando una vez entramos en esa fase social que nos instruye tanto o más de lo que hicieron nuestros padres, en su afán de querernos servir de introductores.

 

Lo anterior viene a cuento de lo que hemos podido ver con nuestros propios ojos y nos ha llenado de cierta estupefacción, al comprobar lo fácil que ha sido para algunos arrastrar a los más jóvenes a lo que ellos no han podido nunca experimentar, ni saben de qué producto hablan ni cómo se ha fabricado, solo se inspiran en la animosidad con la que les hablan, a partir de ciertas tesis que bien podrían ser equivocadas.

 

Solo imaginando esa buena urbanidad, supuestamente aprendida en los colegios, la fe de esa mayoría cristiana, que ha venido apostando por la caridad y por el bien común y los buenos modos de unos abuelos que han sido siempre respetados y atendidos, cabría pensar que todo esos insultos que hemos oído y esas referencias nada contenidas sobre los que contribuyeron a hacer de nuestra Sociedad una colectividad permanentemente enfrentada, según estamos viendo, entre rojos y azules, verdes o amarillos, hasta el punto de odiarnos sin apenas conocernos, nos sitúan quizás en el punto de no retorno por el que, de tener que pasar, saldríamos todos perdiendo.

A esa edad temprana, en la que apenas sabes de qué está yendo la cosa, ni por donde puede acabar, sin empezar, lo que será siempre inconveniente, sin mediar consenso alguno, sin propiciar juicios de valor acompasados con la dirección que, entre todos, consideremos correcta, se les estará iniciando en ese mismo fundamentalismo del que una vez huimos, al considerarlo funesto.                

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