Se reveló la foto y a la vista está cómo aparecen sus señorías retratadas. No hay posibilidad de retoque alguno, y ni siquiera las sonrisas forzadas pueden sustituir al desencanto. Tampoco se han rasgado las vestiduras ni nadie se siente especialmente señalado, toda vez que se tenían preparadas ya las respuestas previamente al desenlace que muchos intuíamos.
El posicionamiento ahora de los partidos políticos debería resolver alguna incertidumbre, a la hora de adaptar el nuevo rol de cada uno a las circunstancias específicas que propugnan sus votantes. Se aproxima la convocatoria de elecciones y todo ha de estar a punto para poder justificar que no es camino de rosas saber acertar plenamente en el resultado. La derecha quizá esté más temerosa ante el curso de acontecimientos inesperados, aunque ya se sabe que en política todas las posibilidades están siempre abiertas.
Feijóo quiere aprovechar el momento para atacar la posición de Sánchez que podría verse influenciada desde una juventud movilizada, pero no lo es del todo así, pues habla públicamente de que ni el PSOE ni Sumar han estado a la altura que se esperaba, pero... ¿cuál sería la altura realmente disponible para acometer tamaña poblemática, si ninguno la tiene?. Sin embargo las propuestas que nos hace, en compañía de aquellos que nunca fueron bienvenidos (Vox) lejos de ofrecer expectativas creíbles, se alejan en profundidad de lo que buscan los electores mayoritariamente. Un bipartidismo fracasado que aún no ha encontrado la sustitución funcionalmente aceptable, solo puede aspirar a sucedáneos estériles. Mientras, la izquierda dispersa y sin rumbo, elude pronunciarse a favor y solo se queda en el discurso.
Así está el patio y así se presenta el futuro próximo con indecisiones que no ayudan y dudas que no son resueltas todavía...
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