Ya lo pronostiqué en algún momento, con la intuición puesta en las cosas útiles que pudieran servirle a algunos. ¿Se podría creer que Puigdemont pensara en otra cosa que en sí mismo y en sus intereses de volver a su país (Catalunya) como reyezuelo triunfante? Ya lo hemos visto, en términos de solidaridad con los suyos y con quienes padecerán las consecuencias. Esa puede ser que haya sido su estrategia de gran político.
Los meteorólogos vaticinan que este otoño vaya a ser el más caliente del siglo, así que preparémonos para lo que viene en Europa, empezando por el Sur y pasando por el Este. Y que luego digan que no hay cambio climático.
Quedaron atrás los disfrutes vacacionales, para entrar de lleno en esa cruda realidad que nos atosiga por todos lados, con unos precios de las cosas que, en cabeza, pondrán el acento en aquello que solo se puede controlar a base de restricciones. Las amenazas de Putin, el mayor descerebrado que pueda uno imaginarse, es otra de las instancias que no se pueden obviar, y para colmo la exagerada confianza de Rutte en nuestras propias fuerzas, con un amparo dudoso en su buen amigo y propulsor Trump. Todo ello pasando por los efectos dilatados que producen las guerras en distintos puntos del globo, que consecuencian lo que estamos viviendo en Europa.
Dejar el coche aparcado podría ser la solución, aunque solo momentánea, ya que no tiene visos de arreglo lo de USA con Irán y en este país se ve que tienen cuerda para rato. Las cuestiones económicas sabemos que son el mejor motor con el que arreglarlo todo, pero cuando éste se gripa y los mecánicos no saben por donde meterle mano, hay que esperar a que llegue la lumbrera que sepa hacerlo y con la carestía de ilustres políticos que tenemos, habrá que confiar en cualquier aprendiz espabilado.
Entretanto revisemos con detenimiento cualquier determinación a seguir, respecto a los apoyos que convenga dar a quienes estén realmente facultados para ayudarnos en salir del atasco que estamos sufriendo.
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