El deseo irrealizable de quien, a causa de la ceguera, no ha podido resarcirse aún de tan dolosa pérdida. Pero siempre hay tiempo para encontrar, a base de sucedáneos, aquella gloria de poder vislumbrar aquello que tuviste a tu alcance y que ahora se te niega.
La vida suele atravesar por distintas etapas que te hacen, al final, comprender algo mejor las cosas, con aquellos perjuicios incluidos en tu falsa apreciación de lo que parecía pero no era. Con los años, cuando te vas acercando a ese mismo final, insustituible por ahora, te vas dando cuenta de que hay simplicidades que llenan más que las causas existenciales en las que todo es gravedad y compromiso.
Disculpen mi paseo por la filosofía barata sobre aconteceres clásicos. Siempre hubo y habrá ricos y pobres, guerras y abusos iniciados para potenciar a los guerreros... y así, sucesivamente, hasta acabar seleccionando el lugar en que nos encontremos cada cual y aspiremos a movernos más por la cultura que por los instintos, aunque algunas veces no sepamos distinguirlos.
A toda etapa negra le termina sucediendo otra mejor, una vez haya llegado a estabilizarse la cordura y el desistimiento de querer ganarlo todo, por quienes nacieron con el síndrome de poseedores del material que siempre termina destruyéndose, para volver a resituarse donde estuvo o más allá. El caso es tener presente el cómo somos y cómo sabemos, antes de propiciar ningún futuro en que se logre desarmar, del todo, lo que tanto nos influye...
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